viernes, 29 de enero de 2010

Té Chai

OH! el té chai latte de vainilla... si me quisieras sobornar solo necesitarías uno de esos...

Y precisamente en el café, tomando un chai latte de vainilla es que me he enterado de varias cosas... rumores, chismes, datos curiosos, chistes.
Pero sobre todo, me he dado cuenta de cómo son las personas. El café, para mí, es un medio donde de lejos es apariencia, pero en la mesa es tu esencia pura.

Te ven de lejos sentado en un café bien, pero en tu mesa estás revelando tus más oscuros secretos, o tu pasado fin de semana, o simplemente sin contarlo le dices mucho a tu compañero de mesa.

Aquí es donde entramos al verdadero tema: pláticas de café.
¿Quién no ha ido a un café? ¿O quién no ha presenciado algo chitoso en un café?

La típica charla aburrida que incluso te pones a oír sobre lo que platican los de la mesa de junto.
O el típico chisme de alguien de tu ciudad que no quieres oír más que a tu compañero, palabra por palabra, contar lo "que nadie sabe" y el "pero no le digas que te dije", o el más común "me dijo que no le dijera a nadie por que casi nadie sabe", cuando en realidad es chisme de hace un año y media ciudad ya se enteró (la otra mitad son los marginados insociables).

Tomando un té chai me he confesado, retractado, perdonado, herido, cotorreado.
El mundo se detiene x un té chai.

Y la verdad es, que aunque criticar es malo, se goza mucho! ¿Qué es lo que nos hace criticar? No tenemos suficiente con el drama de nuestras vidas? ¿O simplemente te gusta recalcar que hay alguien más jodido que tú?

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